Luces navideñas para todos

Taxis. Navidad en Madrid

Ejemplos de historias de solidaridad de los taxistas hay muchas y muy entrañables. Una de ellas es la que publicamos en este mismo blog en diciembre de 2016.

 

Con motivo de un artículo que habíamos publicado en las navidades del año pasado sobre el nacimiento viviente en el que se había visto involucrado el protagonista muy positivamente, Juan R.. nos contó  que él también tenía una pequeña historia que contarnos de hace ya muchos, muchos años.

Juan era muy amigo de Francisco, un cura de Madrid. Su parroquia atendía a un grupo de chicos y chicas de familias destructuradas y muy desfavorecidas socialmente de un barrio muy alejado del centro y muy mal comunicado.

Francisco quería que los chicos vivieran la Navidad más de cerca, así como los adornos de las calles y el brillo de sus luces. Para ello, solicitó los servicios de un autobús de una pequeña empresa de transportes para hacer una visita por los lugares más emblemáticos de la capital en esas fechas.

Una tarde de diciembre Juan visitó a Francisco, le encontró triste, muy disgustado, sus planes se habían venido abajo, ya que después de tanta ilusión puesta en su gran idea, Francisco no podría contar con los servicios del autobús, ni tampoco conocía ninguna otra empresa que estuviese disponible en esas fechas para hacer la ruta por la ciudad para llevar a los chicos.

Ahí fue, cuando Juan decidió tomar cartas en el asunto, no tanto para ayudar a Francisco sino de forma especial pensando en el grupo de chicos. Le propuso a Francisco llevarlos en su taxi. Tendría que hacer varios viajes durante algunos días, pero así por los menos Francisco y los chicos no se quedarían sin su mágico viaje.

La intención era buena, pero realmente no sabía como organizarlo para que tuviera éxito, tampoco disponía de tantos días para hacer todos los viajes, con lo que le planteó la situación en la que se encontraba a unos cuantos compañeros y amigos. Inmediatamente dos de ellos le dijeron que contara con ellos y poco más tarde se apuntaron más compañeros a la misión.

¡Y llegó el día!. Allí estaban preparados varios taxis, para subir a todo los chicos y chicas a los coches y recorrer las principales arterias de la ciudad con mayor iluminación. Y como no podía faltar, nos señala Juan, todo el grupo  cerró el mágico día con un especial chocolate con churros en un lugar reservado par la ocasión, donde pudieron compartir entre todos, lo que habían vivido.

Fue un momento único y extraordinario, una anécdota inolvidable y emocionante para todos ellos, según nos ha transmitido Juan.

 

 

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