Siga a ese Taxi

Tenemos la primera anécdota que nos ha contado J.L. M. taxista de Madrid durante más 35 años. Una historia ¿de película?

 

Estaba en la parada del aeropuerto y recogí –bueno, casi invadió mi taxi- a un viajero que venía bastante sofocado y a la carrera. Llevaba una maleta algo voluminosa, de las que se tienen que poner obligatoriamente en el maletero, pero que él la introdujo directamente en el asiento de atrás, obviamente para no perder tiempo.

Pero acabó de sorprenderme del todo cuando me dijo: “siga a ese taxi”.

Sí, como en las películas americanas. ¡Oh, por fin¡ Esas de secuestros, matones, tiros… Tras unos pocos segundos me volví para decirle que no quería participar en ninguna película de acción, pero me contestó: “ No se preocupe, le aseguro que no es nada de eso. Pero por favor, no lo pierda de vista, indicó mientras mi cliente atendía una llamada en el móvil.

Por la conversación deduje que estaba hablando con su mujer: “No te preocupes, no me ha pasado nada. Coge un taxi, si... ya te lo explicaré, y vete al hotel. Enseguida llego yo, que además te voy a dar una gran sorpresa”.

Mientras duró “la persecución” estuve haciendo un montón de suposiciones sobre cuál podría ser el motivo de la historia y si podría encajar para una película. La que más fuerza cobraba era que la persona que iba en el otro taxi era el amante de la mujer y que mi viajero lo habría cazado, pero ésta no concordaba con la conversación que mantenía por teléfono.

La verdad es que me interesaba no perder el taxi del compañero, me sentía como inmerso en plena película.

Al llegar a los primeros semáforos de la ciudad, pude ponerme delante del otro taxi y hacerle señas para que parase. En esto se bajó mi viajero, abrió la puerta del otro taxi y de su interior salió un hombre corpulento vestido con… una sotana.

Era el sacerdote que los había casado casi 25 años atrás, y al que habían perdido la pista. Estaban planificando celebrar la misa de la bodas de plata, y que casualidad le vuelven a ver de repente saliendo del aeropuerto.

Me encantó ver las muestras de emoción por el reencuentro de dos personas que sin duda, se apreciaban mucho, y que por los avatares del destino estuvieron sin verse casi 25 años.

¡ Para ellos sí que fue una bonita película !.