Solidaridad en Nochebuena

La siguiente historia fueron dos taxistas los que la protagonizaron. Por no decir sus nombres, nosotros les hemos adjudicado el de Rafael y Silverio.

 

Así es la historia contada por Rafael.

Era una Nochebuena de los años ochenta, y yo me disponía a enfilar hacia mi casa porque ya eran cerca de las 20 h y había que estar con las preparaciones de la cena. En la calle Bravo Murillo me encuentro a mi amigo Silverio hablando con un hombre y una mujer que llevaba en brazos a una niña.

Aunque ya nos habíamos felicitado la Navidad, me paré para darle otro abrazo porque el día de Nochebuena siempre hay que estar más alegre que de costumbre. Me acerqué a ellos y vi que la escena no tenía mucho de feliz. Estaba consolando a un matrimonio sudamericano que tenían la desolación pintada en sus caras.

Silverio me contó lo que había pasado.

Estas personas habían venido hacía un mes de su país, y tenían alquilada una habitación en una casa, pero parece ser, que desde hace tiempo tenían problemas económicos y no podían pagar el alquiler, motivo por el que les echaron.

- ¿En Navidad? Pregunté yo.

Realmente no era una pregunta, sino que era mostrar mi extrañeza por cómo alguien podía dejar en la calle a un matrimonio con una niña pequeña, y precisamente el día de Nochebuena.

Silverio, ya había tomado una decisión. Se los llevaba a casa, y así, por lo menos, pasarían la Nochebuena en un hogar, con una familia.

A mí lo de llevar gente desconocida a casa no me seducía nada y, susurrando, así se lo hice saber a mi amigo, pero lo vi tan decidido, y tan cargado de razones, que enseguida me entró lo que ahora se llama “el espíritu de la Navidad”. Solo había un problema: mi amigo al día siguiente iba a comer a casa de los padres de su mujer y allí ya no podía llevarles.

Le dije casi sin pensar, -pues que se venga a mi casa-, llevado por ese espíritu navideño.

He de admitir que yo jugaba con algo de ventaja. Como la noche la iban a pasar con mi amigo ya me daría información sobre cómo eran, si eran de fiar y esas cosas.

Ya en casa se lo comenté a mi mujer que casi se desmaya con la noticia. Ahora bien, tampoco me costó mucho convencerla de que en Navidad, por lo menos en Navidad, hay que hacer este tipo de cosas.

Al día siguiente a mitad de mañana me llamó Silverio. Estaba encantado con el matrimonio, eran una gente muy legal y que, independientemente de la Navidad, había que echarles una mano. Me contó que la mujer cantó canciones sudamericanas muy amenas y que les alegró la cena como nunca lo hubieran imaginado. Estaban encantados con ellos.

Poco más tarde, y de camino a casa de sus suegros, los acercó a mi casa, y la verdad es que fue una comida de lo más agradable, al final terminamos todos cantando, momentos a los que también se unió Silverio.

Durante unos días se quedaron alojados en casa de Silverio y mientras tanto, aunque ellos estaban buscando trabajo incesantemente, nosotros también queríamos ayudarles. Al final les conseguimos un trabajo, a él en un taller y algo más tarde a ella como empleada de hogar.

Con el tiempo, aún seguimos manteniendo el contacto con ellos. Él acabó montando una empresa de mensajería y a ella la contrataron como cantante en una sala de espectáculos, de esos en los que estaba de moda la música sudamericana. La hija que regresó a su país, se dedicó a la televisión, e hizo varias telenovelas en su país.

Sus padres años después también regresaron a su país con su hija. Allí también teníamos nuestro hogar, -nos dijeron.

Silverio y yo, con nuestras famillias siempre estamos haciendo planes para ir a visitarles. Seguro que no les podríamos hacer más felices.

Algún día iremos. Esperemos que sea la próxima Navidad !!

 

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