Un capazo en un taxi. Tremendo olvido

Un capacho en un taxi

La historia que vamos a contar nos la ha relatado Alfredo G. Pero han sido muchos los que han pasado si no por la misma situación, o por alguna muy parecida.

 

Eran los años 80, Alfredo circulaba por la Castellana a la altura de la calle de Goya cuando vio a dos mujeres que evidentemente querían parar un taxi. Como una de ellas llevaba un pequeño capazo de bebé a cuestas, fue la otra la que levantó la mano para que parara. Así lo hizo y las dos mujeres subieron al vehículo. Se veía que sostenían una pequeña discusión sobre donde ponían el capazo: si encima de las rodillas de una, de la otra o bien, en medio de ambas que fue la solución que adoptaron. La pequeña discusión siguió durante el pequeño trayecto del comienzo de la calle Goya hasta la confluencia con Torrijos, en aquella época Conde de Peñalver, donde se encontraban el Corte Inglés y Galerías Preciados.

Alfredo, mientras conducía callado, dedujo que ambas eran madre e hija porque la discusión ahora llevaba derroteros generacionales y no estaban de acuerdo adonde ir: si a uno de los grandes almacenes o al otro. La madre se decantaba por Galerías Preciados pero su hija lo hacía por el Corte Inglés.

Edificio Galerías Preciados
Fuente:marcaporhombro.com

Llegaron a la altura de la cervecería La Cruz Blanca y allí las dejó. Pensó que era equidistante de los dos sitios y era una buena decisión salomónica.

Alfredo se puso en marcha  en busca de un nuevo cliente, no tardando mucho tiempo en lograrlo. Transcurrieron unos quince minutos hasta que se subió al taxi el siguiente pasajero.

Cuando este subió, este se quedó callado. Alfredo le preguntó como siempre en estos casos, que adonde lo llevaba. Pero el viajero seguía mudo. El conductor se volvió hacia atrás y también enmudeció, se quedó perplejo, allí estaba el capazo, y ¡con el niño dentro!

-¡Dios mío! las mujeres se olvidaron el capazo…!, -Tenía que haber mirado antes, -¡Pero como es posible esto!.
-Pero… ¿con el niño dentro? Preguntó el viajero.
-Parece ser que sí ¿qué hago yo ahora?
-Usted no sé pero yo me bajo inmediatamente de este taxi y me cojo otro. Porque como comprenderá este problema es suyo, no mío.
-Si, claro, claro.
-Vuelva adonde dejó a la madre, dijo el pasajero. Y vaya corriendo porque deben de estar de los nervios.

Sin más dilación Alfredo volvió a Goya esquina Torrijos. Allí había una parada de taxis y pediría ayuda puesto que él se encontraba totalmente bloqueado. Mientras conducía iba pensando en el disgusto que debían tener la madre y la hija por no haber cogido el capazo, aunque también se dio cuenta de que podían no haberse dado cuenta porque cada una podía pensar que el bebé lo llevaba la otra, o porque una vez fuera del taxi, se les fue el santo al cielo, que es lo más seguro, olvidándose por completo de que habían llevado al niño.

En la parada próxima al centro comercial contó lo sucedido a los compañeros que se encontraban allí. Entre todos decidieron que Alfredo iría al Corte Inglés y Carlos, otro compañero a Galerías Preciados. Entrarían y pedirían a los encargados que avisaran por megafonía a la madre. Pero ahí les asaltó una duda: no podían decir: “Se ruega a la madre que ha perdido un capazo con un niño pase a recogerlo” Sería la burla y el hazmerreir de todos los clientes. Seguro que además, saldría en los periódicos. Cuando el contaron lo que pasaba a los encargados, se tomó la siguiente decisión para que se oyera por los altavoces: "Se ha encontrado un capacho de color azul con lazos blancos. Por favor, la mamá que venga a recogerlo a Información en la planta baja".

Así, por lo menos no se dejaba en evidencia a nadie y fue la manera más suave que encontraron para preguntar si una madre había perdido un capacho con el bebe dentro.

Mientras, en la parada, los conductores se arremolinaban en torno al coche de Alfredo no daban crédito de lo que veían. Y atónitos se quedaron cuando el bebé se despertó y se puso a llorar. Uno de los taxistas había sido papá recientemente y pidió que le dejaran. En el capazo había un chupete y un biberón y como vio que lo que tenía era hambre, se lo dio y el bebé lo enganchó con avidez. Las miradas entre los compañeros eran un poema. pero el papá primerizo estaba orgullosísimo de su labor y no cejó hasta que el bebé echo el consabido eructito. Para el compañero taxista fue todo un triunfo y aunque no fue ovacionado por el resto si se ganó un buen aperitvo.

Dentro de los grandes almacenes el mensaje por megafonía tuvo éxito. La hija, casi histérica, preguntó inmediatamente por su bebé y Eufemiano le dijo que no se preocupase que estaba con sus compañeros en la parada de taxis.

-¿Cómo no lo han traído aquí?
- Por seguridad, señora. Venga, acompáñeme y ya verá como es mucho mejor que se haya quedado allí dormidito. -Pero es que tenía que comer ¡Ay, Dios mío! ¿Cómo se nos ha podido olvidar?

Un capacho en un taxi

La madre e hija salieron corriendo con Alfredo, y al salir a la calle, la madre al ver la parada de taxis, cruzó la calle de Torrijos haciendo caso omiso al semáforo con los consiguientes frenazos y bocinazos. Llegaron las dos casi al mismo tiempo. La madre del bebé con el corazón en un puño por la incertidumbre de lo que podía haberle pasado al niño y la abuela sudorosa y congestionada por la situación que todavía no sabía si iba a tener un final feliz.

¡Sí lo tuvo! El taxista primerizo, con una gran sonrisa, y que tenía al bebé en brazos se lo extendió a su madre orgulloso de su aportación a la historia.

-Ya le hemos dado el biberón y se lo tomado estupendamente. Es un niño muy rico, dijo con satisfacción.

Todos los compañeros asintieron con la cabeza y con esa sonrisa de complicidad que les dio estar pendiente del bebé. La madre del bebé y la abuela respiraron tranquilas y dieron las gracias a todos los que cuidaron al niño.

Alfredo dijo
Si quieren, las llevo a casa, ¿porque después del susto!, pero con una condición… Las dos mujeres se quedaron intrigadas.

¿Cuál? Dijo la madre.
Que no se olviden el capazo otra vez, `por favor".
 

 

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