Un golpe de suerte

Taxi circulando por Madrid

Normalmente, cuando te das un golpe en el coche todo es un fastidio, pero en ocasiones, se le puede dar la vuelta cuando la fortuna se pone de tu parte.

 


Esta historia nos la contó Luis H. con una amplia sonrisa en la cara. Era una Navidad de los 90. Tenía entonces 23 años, y se había comprado un coche, como casi todos, en “cómodos” plazos que tenía que pagar religiosamente cada mes.

Luis estuvo trabajando de camarero los fines de semana en un restaurante céntrico de la capital, pero por motivo de jubiliación, el dueño del local cerró el negocio.

El padre de Luis era taxista, y sabiendo lo que le gustaría que su hijo también lo fuese, le planteó la posibilidad de empezar a trabajar algunas horas el taxi. Como es lógico, su padre se animó con la idea, y solo le puso una condición: que tuviera impecable el coche.

Luis llevaba ya algunos años conduciendo y nunca había tenido golpe alguno. Aunque, está claro que no es el mismo conducir un coche particular que un taxi, con la advertencia de su padre, Luis sería todavía muchísimo más prudente.

Así estuvo unos cuantos meses, disfrutando de su nuevo trabajo, que le permitía seguir pagando las letras de su coche. Cercanas las fechas de las fiestas navideñas, su flamante coche tuvo una avería inesperada que le haría cambiar todos los planes personales para esas fechas. Sin duda, era una gran faena porque necesitaba su coche

Los quebraderos de cabeza con el concesionario para solucionar el tema de la avería del coche, y tanto darle vueltas a su mala suerte, en un momento de despiste, aparcando el taxi tocó una moto que se enconraba detrás, tiránola al suelo y causándola un un pequeño arañazo. Asustado por el toque, salió a toda prisa del coche echándose las manos a la cabeza, pidiendo incesantemente perdón al motorista que se encontraba junto a la moto a punto de subirse a ella.

El motorista como es normal, estaba bastante enfurecido y empezó a increpar a Luis por su despiste. Luis sabía, porque él también había tenido una moto, lo que puede  enfurecer a un motero este tipo de percances por las fatales consecuencias que puede acarrear. Más o menos estas palabras fueron las que tuvieron: 

Moto amarilla

- Perdón, perdón, ¿está usted bien? Dijo Luis.
- Yo sí estoy bien, aún no me había subido a la moto. Pero como puede dar marcha atrás sin mirar. -Me respondíó gritando con voz muy alta..
- Lo siento de verdad, estaba con la cabeza en otra parte y no me di cuenta.
- Menos mal que aún no me había subido a la moto, porque también seguramente yo también me hubiera visto en el suelo. Esos despistes pueden costar una desgracia. - Me respondió también muy enfadado.

Luis ayudó al motorista a levantar la moto del suelo y a comprobar si tenía algún daño.

Automáticamente, a Luis le vino a la cabeza la petición de su padre de que tuviera impecable el coche, y aunque no era el caso porque el taxi no tenía ningún desperfecto, que los tuviera la moto, si era un problema, significaba dar un parte y cómo no, un pequeño disgusto a su padre.

Estuvieron mirando si la moto tenía algún tipo de daños por el golpe. Y efectivamente, la moto si presentaba un pequeño golpe en el cadenado.

Pero honradamente, el motorista le dijo a Luis que esos daños ya los tenía desde hace unos días, por otro percance que había sufridio, pero con la salvedad de que en esa ocasión no se encontraba él presente, y la persona que con su coche le había tirado la moto al suelo, no dejó ninguna nota.

Luis, se quedó asombrado por la honestidad de esta persona, ya que le podría haber engañado y haber abusado ese momento para culparle, y poder de mala fe intentar arreglar la moto.

De forma casual, Luis y el motorista se encontraban justo enfrente de un despacho de loterías, y ni corto ni perezoso Luis se acercó de manera impulsiva a este establecimiento, compró dos décimos de Navidad, uno para cada uno. El motorista no lo aceptaba, pero bueno, al final lo pensó y dada la insitencia de Luis en agradecerselo, lo aceptó.

Y que suerte la de Luis y el motorista en ese cruce de caminos aquel "fatídico" día. Les tocó un pellizco considerable de la loteria de Navidad que había comprado. Aunque no volvió a coincidir ni a saber nada del motorista,.seguramente porque no fuese del barrio, le hubiera encantado volver a coincidir, y celebrar esa suerte con él.

 

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